Unos fans disfrazados asiste a la inauguración del Salón del Manga y la Cultura Oriental de Madrid, en una imagen de archivo. EFE/Fernando Alvarado
2 diciembre, 2025
Distintas en forma, pero con la misma pulsión: pertenecer y diferenciarse. Las tribus urbanas no han muerto, solo se han readaptado en un contexto en el que lo real y lo digital se mezclan. Pijos, traperos, raveros o BoBos trazan la cartografía social del momento, demostrando que la estética sigue siendo una declaración de principios.
En los años setenta y ochenta, la identificación con colectivos como los ‘punk’, los ‘heavy’ o los ‘hippies’ llevaba implícita una señal cultural —una determinada música, estética, valores—. En pleno siglo XXI, esa noción ha mutado. Los contextos digitales, la globalización de la moda y el cambio de prioridades vitales han dado paso a nuevas agrupaciones urbanas.
El modelo anterior que gritaba “vamos todos juntos bajo una misma música y uniforme estético” se desvanece gradualmente. La sociedad digital permite microgrupos e identidades híbridas.
El término pijo es de los más antiguos, pero también de los más complejos. Su ultimo coletazo es el que describe Raquel Peláez en su ensayo ‘Quiero y no puedo. Una historia de los pijos de España (2024)’ en el que traza una radiografía del ‘universo pijo’, desde los señoritos del siglo XIX al actual ‘cayetano’.
Los pijos contemporáneos no llevan necesariamente logotipo, pero sí un fondo de armario reconocible: historias de colegios privados, semanas en balnearios, veraneos en la cornisa Cantábrica, o abrigos de piel.
Así, la tribu pija es tan relevante hoy como para merecer un análisis sociológico: no es solo estilo, es estatus cultural y económico y también una estética dividida en subgrupos. Desde los que heredan el estilo más clásico de camisa y mocasines hasta los influenciados por la corriente del lujo silencioso, que lucen una estética más minimal.
Los raveros componen una tribu que arrastra la herencia de las ‘raves’ y de la cultura electrónica de los noventa, que experimenta un resurgir adaptada al siglo XXI bajo nuevos códigos estéticos no escritos, pero sí compartidos: indumentaria rigurosamente negra, pantalones cargo, chándal en ocasiones y piezas ajustadas en otras.
Una vestimenta que se combina con deportivas llamativas, gafas de sol tipo Arnette y que aparece en los clubes más selectos del nuevo tecno -donde en ocasiones se prohíben incluso las fotografías-, con una estética de neón o ‘retro bakalao’.
En este sentido, los raveros no solo construyen una estética, sino que crean un estilo de vida que trasciende la mera salida nocturna: la tribu es un red social extendida que mezcla música, moda, ocio y comunidad y que extiende una corriente que nació en Berlín y se propaga por diferentes partes del mundo.
Una tribu que cada vez se acerca más a la cultura popular, como demuestra el título del primer sencillo del nuevo disco de Rosalía, ‘Berghain’, nombre de uno de los templos del tecno en Berlín, donde se exige este tipo de vestimenta para poder acceder.
El término ―procedente del japonés― se ha consolidado para definir a quienes sienten una afición extrema por el manga, el anime o la cultura japonesa popularizada.
Sus seguidores adoptan el ‘cosplay’ (imitar la estética de la animación en la ropa, el pelo o el maquillaje) como forma de exhibición.
La tribu otaku resulta significativa porque trasciende la mera estética: se basa en sistemas de ‘fandom’, de comportamientos complejos, relaciones intensas con la ficción, comunidades muy activas en redes que comparten contenido sobre sus series y películas favoritas y que se reúnen periódicamente.
En España, la cultura trap se ha integrado plenamente en el ‘mainstream’ urbano, pero mantiene su lógica de tribu: los códigos estéticos, el uso de la jerga, la referencia al “hacer dinero” y al “éxito breve” siguen siendo fuertes.
Los BoBos —‘bohemio burgués’ en contraposición al burguesísimo ostentoso— surgen como respuesta a la saturación de signos de riqueza tradicional. Nacidos en ciudades como París, estos jóvenes profesionales con recursos optan por el lujo silencioso, la ropa ‘vintage’, la bicicleta y la estética casual-chic.
La tribu BoBo conjuga cierta moderación con gusto por la calidad: cosmopolitas, con un halo intelectual -son siempre los primeros en frecuentar locales que adelantan las tendencias que posteriormente se pondrán de moda- y algunos hábitos de consumo como la ropa de diseño en plataformas de segunda mano.