Panoramica cerca del final del Camino. Al fondo, la Catedral.
15 mayo, 2024
La Vía Céltica es uno de los primeros Caminos de Santiago históricos que fue injustamente relegado al olvido, y ahí seguiría si un entusiasta grupo de gente de Santa Comba no lo rescatase alertados por la presencia de las dos veneras que decoran el escudo de este Concello: “Elemento identificativo del carácter Arzobispal del Castillo, símbolo y razón de la donación que los Reyes hicieron de estas Tierras a la iglesia Compostelana como cuidadora de los restos del Apóstol Santiago y como Villa de paso de peregrinaje hacia Finisterre”.
Decidimos denominar al conjunto de itinerários como “Via Céltica”, por discurrir principalmente por la antigua Terra de Célticos, de los Célticos Supertamáricos, esto es “Célticos de Sobre o Tambre”, territorio que mantuvo su identidad a lo largo de la Edad Media y hasta nuestros días. El nombre Vía Céltica hace también referencia al Promontorium Celticum, descrito por Plínio el Viejo (Naturalis Historia, liber IV), Pomponio Mela (III, 13) y otros autores clásicos, en referencia a Fisterra, como principio y fin de los itinerarios, conectando la historia de las peregrinaciones a Compostela con sus orígenes remotos.
La Tierra de Célticos aparece referida como diócesis en el Cronicón Iriense (s. VI-VII), como condado o “comisso de Celticos” en el año 830, y también como “confraria” (ad confrariam Celticorum) en 1199, siempre vinculado a la iglesia compostelana. En el Concilio del año 915 los beneficios de la Tierra de Célticos son atribuidos nuevamente a la Sede Iria, a la que ya aparecía ligado en el Parochiale suevo, y el 30 de diciembre de 1028 Bermundo III firmó, junto con la reina Urraca, la hermana del rey Doña Sancha, cinco obispos y los nueve condes más poderosos de Galicia un acta cediendo a la iglesia de Santiago la Tierra de Célticos “pro victu Clericorum, pro subsidio pauperum, pro susceptione peregrinorum, sive advenum” (“para sustento de los clérigos, para socorro de los pobres, para acogida de peregrinos y extranjeros”).
Ya en el siglo XII tenemos noticias de como el monasterio de Moraime, históricamente ligado al Puerto de Muxia era lugar de tránsito para peregrinos, como indica la confirmación de 1119 de su coto y limites jurisdiccionales por el rey Alfonso VII (otorgadas originariamente por Alfonso VI) después de la destrucción del cenobio por los almorávides. La reconstrucción se justifica por la importancia del monasterio en la atención a los peregrinos: “proficiat ad victum et sustentationem monachorum, pauperum et hospitium seu peregrinorum advenientium”. Este no es un detalle menor o un formalismo, pues la gran mayoría de las donaciones a monasterios no establecían como objetivo la hospedería de pobres y peregrinos, estando situados los que incluía tal condicionado en rutas de peregrinación.
El 4 de noviembre de 1255 Afonso X dona la villa de “Jalles d’Alcayaa” a la iglesia de Compostela, representada por el Arzobispo Juan Árias que hace levantar en ella una fortaleza, el Castillo de Xallas, como “avanzadilla del señorío jacobeo”. La importancia estratégica de esta plaza fuerte a lo largo de los siglos todavía es evidente en el contexto del siglo XV, cuando el Arzobispo Afonso de Fonseca demanda en 1476 a Soro Gómez de Soutomaior, Señor de Rianxo, para que lo devuelva a la sede compostelana para su inmediata reconstrucción.
El 26 de septiembre de 1406, en Niza, el Papa Benedicto XIII de Aviñón firma una Bula que concede numerosas indulgencias a los fieles que visiten la Iglesia Parroquial de Santa María de Finisterre en determinadas Fiestas Litúrgicas, con la intención de conseguir limosnas para la reparación y mantenimiento del templo.

La Vía Celtica es un recorrido lleno de magia e historia
En un párrafo del mismo se menciona explícitamente a los peregrinos que van a Santiago: “Cum itaque, sicut accepimus parochialis ecclesia beate Marie de Finisterre, Compostellan. diocesis, ad quam, ut asseritur, omnes peregrini pro maiori parte ecclesiam Compostellan. ob reverenciam Sancti Iacobi apostoli personaliter visitantes causa devotionis confluunt.” “Desde entonces, nos acoge la iglesia parroquial de María Santísima de Finisterre, Compostelana Diócesis, en la que, según se afirma, se congregan todos los peregrinos que acuden en su mayor parte a la Iglesia Compostelana a causa de la veneración de Santiago, visitándolo personalmente por motivos de devoción.”
El 6 de septiembre de 1457 el papa Calixto III concede a la iglesia parroquial de Muxía “tres años y cuarenta días de indulgencia por espacio de veinte años, a cuantos fieles visiten dicha iglesia de Santa María en ciertas fiestas litúrgicas, frecuentada también por los peregrinos que se dirigen a Santiago de Compostela y contribuyan con sus dádivas a la reparación y restauración de sus edificios”.
Desde el principio mismo del Fenómeno Xacobeo los peregrinos acudían a Santiago de la manera más sencilla, que no era otra que la vía marítima desembarcando en los puertos naturales, areas mayores y puertos de fondo de ría de Caión, Malpica, Barizo, Corme, Ponteceso, Camariñas, Ponte do Porto, Cereixo, Muxía, Finisterre, Corcubión y Cee, lugares que además estaban muy bien comunicados con Santiago por caminos ancestrales relacionados con los cultos paganos y el comercio de metales con el Mar Mediterráneo. Puentes o servicios de barca para superar los ríos hacían de este trayecto un paseo comparado con el transitar por meses por un territorio ocupado por los árabes, con constantes luchas intestinas entre señores de la guerra, a merced de bandidos y otros peligros.
Lo más curioso es que en el año 1028 en Santiago estaba todo por hacer y todo se hizo con la piedra de las canteras del Monte Pedroso. Los últimos kilómetros del itinerario de la Vía Céltica desde O Roxido, Portela de Figueiras, Vrins y Fontecoba entrando por San Paio do Monte fueron una verdadera autopista con más de diez corredoirias en paralelo y a distintos niveles por los que discurría el tránsito de las piedras que los canteiros de la zona extraían de cientos de pequeñas canteras para construir Santiago de Compostela. Nos podemos hacer una idea del hervidero de gentes y animales que tuvieron que transitar durante los últimos 1000 años este camino, arrieros, besteiros, pescadeiras, agricultores, ganaderos, traficantes, tratantes, recaudadores, transeúntes y por supuesto peregrinos.

Última estación del Via Crucis antes de llegar a Santiago
De momento está confirmado que la piedra para la construcción del Portico de la Gloria provino como muy bien referían los viejos canteros del lugar de la denominada “Canteira da Catedral” y esto se demostró científicamente porque durante el proceso de restauración de este elemento se intentó buscar la cantera de procedencia de la piedra para el caso de que fuese necesaria para reparar o sustituir algún elemento, gracias a un informante de Vrins se localizó la cantera , se extrajeron muestras y se compararon con micromuestras del Pórtico en un laboratorio de referencia y la coincidencia resultó evidente.
El ultimo edificio construido con piedra del Monte Pedroso fue el de la Facultad de Medicina entre 1910 y 1928 y podemos afirmar con rotundidad que la inmensa mayoría de los edificios que surgieron a mayor gloria en este magnífico proceso, como las tallas, los Porticos, los Arcos triunfales, los Conventos, las plazas, los Palacios, los Colegios, los Hospitales fueron construidos total o parcialmente con Piedra de las Canteras del Pedroso, por lo que podemos afirmar que hasta las piedras con las que se construyó Santiago de Compostela son peregrinas de la deslumbrante e histórica Vía Céltica.