30 noviembre, 2025
La Diócesis de Santiago de Compostela conmemoró este domingo el Día de las Personas con Discapacidad en el Centro Pai Menni de las Hermanas Hospitalarias, en Betanzos, en una jornada que combinó la celebración litúrgica con la inclusión y la esperanza. La cita coincidió con el primer domingo de Adviento y con el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, sumando al inicio del nuevo año litúrgico un reconocimiento explícito a la dignidad y el valor de estas personas.
El acto central fue la Eucaristía, presidida por el arzobispo emérito de Santiago, monseñor Julián Barrio Barrio, acompañado por el delegado diocesano de Catequesis, Miguel López Varela. Desde los primeros momentos, la acogida incluyó a quienes seguían la celebración desde sus habitaciones o a través de pantallas, recordando especialmente a enfermos y cuidadores, en una comunidad que caminó “unida en la alegría de Jesús”, lema de esta edición del encuentro. Los asistentes también pudieron ganar la indulgencia plenaria del Jubileo Romano de la Esperanza, en comunión con toda la Iglesia.
En su homilía, monseñor Barrio ofreció un mensaje cargado de ternura y profundidad espiritual. A través de la metáfora de un jardín lleno de plantas y cebollas luminosas, destacó la belleza interior de las personas con discapacidad y su capacidad de atraer, cuestionar y transformar. Subrayó que su vida desafía modelos centrados únicamente en la prisa, la apariencia o la eficacia, recordando que las limitaciones nunca tienen la última palabra: ésta corresponde siempre a Dios, en forma de amor, acogida y vida.
El arzobispo relacionó el mensaje con el tiempo de Adviento, instando a vivirlo con vigilancia y esperanza. “El Señor vino, viene y vendrá”, recordó, invitando a reconocer su presencia en gestos sencillos de cuidado, entrega y servicio.
La celebración también fue un reconocimiento al trabajo silencioso y constante de las Hermanas Hospitalarias, los profesionales del centro y los voluntarios, cuyo esfuerzo sostiene la vida diaria de muchas personas y familias. La jornada se enriqueció con gestos de complicidad, aplausos espontáneos y abrazos compartidos, transformando el encuentro en un espacio de historias de vida, superación y fe vivida con sencillez.