13 noviembre, 2025
El Colegio Mayor Arosa acogió recientemente la charla-coloquio “Buscando las fortalezas en la etapa universitaria”, una cita que contó con la participación de Carmen Pomar Tojo, doctora en Psicología Educativa y exconselleira de Educación de la Xunta de Galicia. La sesión, enmarcada dentro del programa formativo Culturearte, propuso una reflexión sobre el papel de la educación emocional y el desarrollo personal en una generación que, según Pomar, “está más formada, pero también más frágil emocionalmente”.
Durante su intervención, la experta subrayó que la universidad constituye “una etapa muy sensible y, sin embargo, una de las más olvidadas” en materia de acompañamiento emocional. A su juicio, aunque la sociedad actual ofrece múltiples recursos tecnológicos y un acceso sin precedentes a la información, los jóvenes afrontan nuevos desafíos vinculados con la autoestima, la seguridad personal y el bienestar psicológico.
Pomar destacó la importancia de crear espacios de crecimiento integral, como el propio programa Culturearte, donde los estudiantes puedan desarrollar competencias emocionales que complementen su formación académica. “Tenemos más cosas materiales, pero menos raíces emocionales. Vivimos en un mundo más ruidoso, y, paradójicamente, nos sentimos cada vez más solos”, señaló, aludiendo al impacto del ritmo de vida contemporáneo y de las redes sociales en la construcción de la identidad juvenil.
La psicóloga citó al investigador Robert Sternberg para insistir en la necesidad de replantear el modelo educativo tradicional: “Nos enseñan a identificar nuestras debilidades, cuando deberíamos aprender a compensarlas con nuestras fortalezas”. En este sentido, advirtió del notable aumento de los problemas de salud mental entre los universitarios tras la pandemia y defendió la incorporación de herramientas que faciliten el autoconocimiento y la gestión emocional.
Finalmente, Pomar recordó que la educación emocional no debe concebirse como un proceso individualista, sino como un aprendizaje compartido que se construye en la interacción con los demás. “Aprender a reconocer, expresar y gestionar las emociones propias y ajenas es esencial para fomentar una convivencia equilibrada, empática y auténtica”, concluyó.