12 noviembre, 2025
España presenta el mayor crecimiento del PIB entre las economías avanzadas, que el Gobierno celebra diciendo que “la economía va como un cohete”. Pero detrás de esa euforia macroeconómica está la realidad de millones de personas atrapadas en la precariedad, la pobreza y la falta de oportunidades.
El IX Informe de la Fundación FOESSA de Cáritas, un clásico para conocer “el estado económico de la gente” pone números y revela una fractura social cada vez más profunda. Tener trabajo ya no garantiza una vida digna y el ascensor social parece haberse detenido. En 2024, 9,4 millones de personas -el 19 % de la población– vivían en situación de exclusión social y 4,3 millones en exclusión severa, un 52 % más que en 2007.
Detrás de estos datos hay personas que buscan empleo o estudian y no pueden salir adelante; hay trabajadores atrapados en la precariedad, jóvenes sin horizonte estable, familias que no pueden afrontar el coste de la vivienda o llenar la cesta de la compra, inmigrantes que sostienen con su trabajo empresas de muchos sectores económicos, aunque siguen siendo invisibles…
El informe habla de una sociedad en la que la bonanza macroeconómica convive con unas altas tasas de desigualdad que genera una sensación de inseguridad vital, incluso entre quienes no están en exclusión severa pero temen caer en ella. El crecimiento del PIB no alcanza a corregir las fracturas sociales que se han profundizado tras dos décadas de crisis económica, sanitaria e inflacionaria.
Este Informe no solo diagnostica, también interpela y obliga a preguntar qué tipo de sociedad se está construyendo si millones de personas quedan al margen del bienestar; cómo se puede hablar de progreso si no es inclusivo y qué papel deben jugar las políticas públicas, la sociedad civil y cada ciudadano en revertir esta tendencia. El progreso, recuerda, no puede medirse tan solo en puntos de PIB, sino en la capacidad de la sociedad para garantizar dignidad, oportunidades y derechos a todos sus miembros.
El IX Informe FOESSA es un espejo necesario que muestra una España desigual en la que la cohesión social se resquebraja. “No fallan las personas, está fallando el sistema”, recuerda. Su diagnóstico es una llamada a repensar el contrato social, a fortalecer los vínculos comunitarios y a priorizar la justicia social como eje del desarrollo. Son, entre otras, algunas ideas para actuar con valentía y construir una sociedad más justa, donde nadie quede atrás.
La verdadera fortaleza de un país no se mide solo crecimiento del PIB, sino en su capacidad para proteger a los vulnerables, ofrecer oportunidades a los jóvenes, salarios dignos a quienes trabajan y esperanza a quienes se sienten olvidados. Casi es un insulto decir que la economía “va como un cohete” mientras millones de personas ven pasar el progreso que nunca llega a sus vidas.
Fotografía de archivo, tomada el pasado 5 de agosto, en la que se captó al presidente de Estados Unidos, Donald Trump (i), al hablar con el arquitecto James McCrery (d), al recorrer el techo de la Casa Blanca, antes de iniciar las remodelaciones del Ala Este de la residencia presidencial estadounidense, en Washington, DC (EE.UU.). EFE/Samuel Corum/Pool