
26 noviembre, 2025
El foro sobre turismo en la Eurorregión Galicia-Norte de Portugal, organizado por el Club Financiero de Santiago (CFS), cerró esta mañana su ciclo de encuentros con un balance positivo del sector, al tiempo que advirtió sobre los retos y riesgos que acompañan su crecimiento.
El presidente del CFS, Roberto Pereira, destacó la relevancia económica del turismo, que representa más del 10% del PIB gallego, y subrayó que Galicia parte de una buena posición pero debe avanzar en calidad, desestacionalización, sostenibilidad, digitalización y formación. Pereira defendió la necesidad de políticas conjuntas en la Eurorregión y reivindicó la identidad turística compartida —cultura, patrimonio, naturaleza, gastronomía y sostenibilidad— como una oportunidad para atraer visitantes de mayor calidad.
La primera mesa abordó la visión del sector turístico, incluyendo formación, hostelería y congresos. José Antonio Liñares, portavoz de la Unión Hotelera Compostela, calificó el momento del sector en Santiago como “delicado”, recordando que la ciudad ha pasado “de ser la envidia de muchos” a debatir sobre el turismo como un problema en sí mismo. Liñares defendió el turismo como fuente de riqueza y actividad transversal, y pidió alejar discursos negativos, destacando que “el mundo sería un lugar mucho peor si no existieran el turismo y la gastronomía”.
Por su parte, José Paz, director del Centro Superior de Hostelería de Galicia, repasó la trayectoria de tres décadas del centro, subrayando la inserción laboral de sus estudiantes, que alcanza el 100%, y defendió la formación continua como clave para mejorar la oferta turística.
Ana Trevisani, presidenta de OPC Galicia, destacó la importancia del turismo de congresos, que representa entre el 10% y el 12% del PIB turístico gallego y atrae a más de medio millón de visitantes al año, generando un gasto significativamente mayor que el turista vacacional. Trevisani señaló que Galicia cuenta con capacidad para congresos de hasta 1.500 personas, pero alertó sobre la limitación de la conectividad aérea y reclamó un pacto por el turismo que trascienda los colores políticos.
Pepe Formoso, de la Asociación Profesional do Turismo da Costa da Morte, defendió la singularidad del destino, basado en pequeñas empresas familiares, y alertó de la dependencia de la conectividad. Formoso negó la existencia de una masificación real y abogó por un modelo turístico más parecido al de Irlanda o Bretaña, con actividad durante los doce meses del año.
La segunda mesa se centró en la estrategia turística de la Eurorregión Galicia-Norte de Portugal. Xosé Manuel Merelles, director de Turismo de Galicia, defendió la cooperación histórica entre ambas regiones y recordó que el Camino Portugués ha recibido este año casi 190.000 peregrinos. Destacó la importancia de la conectividad y la desestacionalización, subrayando la necesidad de coordinación institucional.
Jesús Picallo, vicepresidente del Clúster del Turismo de Galicia, enfatizó la complementariedad entre Galicia y el Norte de Portugal y destacó la tecnología como herramienta para gestionar flujos turísticos. Luis Pedro Martins, presidente de la Asociación de Turismo de Porto-Norte de Portugal, defendió la cooperación transfronteriza y alertó sobre los discursos centrados en la “presión turística”, insistiendo en que el turismo debe gestionarse y no demonizarse.
Francisco Calheiros, presidente de Solares de Portugal, destacó la identidad compartida de Galicia y el Norte de Portugal y reclamó una marca eurorregional que refleje esa realidad.
El cierre del foro corrió a cargo de Melchor Fernández, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la USC, quien subrayó que “el éxito también hay que saber gestionarlo” y señaló que los nuevos patrones de comportamiento turístico —viajes más cortos, frecuentes y con menos intermediarios— exigirán garantizar la convivencia urbana y un equilibrio territorial que involucre a administraciones, residentes e incluso la Iglesia en el caso del Camino. Fernández concluyó señalando que el futuro del turismo pasa por tres transiciones inevitables: ecológica, digital y demográfica.
