
25 noviembre, 2025
El feminismo asociativo gallego ha vuelto a salir a las calles este martes con motivo del 25N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en un año en el que el foco se ha centrado en la violencia institucional.
La coordinadora gallega de la Marcha Mundial das Mulleres (MMM) impulsó una veintena de convocatorias bajo el lema “Combater a violencia institucional para acabar coa violencia machista”, que han compartido espacio con otras acciones promovidas por distintos colectivos en varias ciudades, como Lugo, donde no se logró acordar una manifestación unitaria.
En Santiago de Compostela, la situación fue singular: la protesta convocada por la MMM coincidió en hora y lugar de inicio con otra organizada por la Plataforma Feminista Galega, lo que provocó que ambas concentraciones avanzasen, en la práctica, como un solo bloque al inicio del recorrido.
Según la Policía Nacional, unas 400 personas participaron inicialmente en la marcha desde la Praza 8 de Marzo de la capital gallega, aunque la cifra final se incrementó durante el trayecto a medida que se sumaban más manifestantes. Los asistentes entonaron consignas como “Estamos hartas de ser asesinadas”, “El machismo es el terrorismo” o “Rebelión, desobediencia, contra sus violencias”, acompañadas de música de tambores.
Marta Romero, portavoz de la MMM, destacó ante EFE la importancia de mantener la protesta como herramienta para visibilizar las violencias estructurales que sufren las mujeres. En relación con el lema de este año, centrado en la violencia institucional, Romero citó casos de revictimización judicial, violencia obstétrica o la negativa de algunas instituciones a abrir expedientes y aplicar protocolos frente al acoso sexual laboral.
Romero mencionó expresamente la supuesta agresión sexual cometida por el exconselleiro del Mar, Alfonso Villares, como ejemplo extremo de estas violencias, recordando que fue despedido de su cargo «entre aplausos» por sus compañeros de gobierno en la Xunta de Galicia.
Preguntada sobre la división dentro del feminismo asociativo, Romero señaló que lo ideal sería participar en una convocatoria unitaria, aunque lamentó que algunas organizaciones no aceptasen los mínimos de la marcha y sigan amparando «comportamientos tránsfobos».
Por su parte, Pilar Estévez, de la Plataforma Feminista Galega, defendió la celebración de su propia concentración en paralelo, amparándose en la diversidad del movimiento feminista, y mostró confianza en que las diferencias se limen progresivamente para avanzar hacia un camino común. Estévez criticó además el creciente «negacionismo» de la violencia machista, recordando que solo en Galicia más de seis mil mujeres son usuarias del sistema VioGén, y reclamó trabajar por una “normalidad democrática” que reconozca el maltrato estructural que sufren las mujeres.
La falta de consenso en el Parlamento gallego impidió, como viene ocurriendo desde 2020, que el pleno aprobase la declaración institucional de condena de la violencia machista, al no alcanzarse la unanimidad necesaria entre PPdeG y PSdeG.
Además de numerosas asociaciones feministas, la marcha en Santiago contó con la participación de organizaciones sindicales y representantes políticos con presencia local y autonómica, entre ellos la portavoz nacional del BNG, Ana Pontón; la tenienta de alcaldesa, María Rozas; y la diputada autonómica del PSdeG, Patricia Iglesias.