Vecinos de la aldea de Zobra. Foto: Yaiza Crespo Checa.
2 noviembre, 2024
La joven Yaiza Crespo Checa, de 20 años y originaria de Pamplona, de padre gallego y madre pamplonica ha plasmado la cotidianidad de un rincón especial de Galicia y parte de su esencia personal en un photobook. El proyecto se ha convertido también en su trabajo final en el Grado Superior de Fotografía en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Pamplona, tras haber cursado allí el bachillerato artístico. Sin embargo, va más allá de un simple hito académico.
Las fotografías de Crespo retratan la fortaleza y el empoderamiento de las mujeres en la parroquia de Zobra, un lugar del municipio de Lalín en el que sus orígenes están profundamente enraizados. En esta aldea, donde el tiempo parece detenerse y el silencio habla, la niebla se convierte en un manto que envuelve casas, hórreos y prados. A través de su trabajo, Yaiza desea contar la historia de mujeres que viven con calma y dedicación, muchas de las cuales han llegado a cumplir un siglo de vida. En sus manos llevan el recuerdo de panes amasados en tiempos de escasez, y también el sonido de sus panderetas con las que alegraron días difíciles mientras cuidaban a sus hijos. Son mujeres que se empoderaron hace un siglo, a menudo sin ser conscientes de ello, pero con un profundo conocimiento de su valor, a menudo callando sus luchas y logros.
Hablamos con la autora de estas fotografías que pretende honrarlas y reconocer su contribución inestimable a la comunidad y a la historia de su tierra.

«morriña por a terra». Foto: Yaiza Crespo Checa.
¿Qué te inspiró a escoger las aldeas y, en especial, a las mujeres de Zobra como tema central de tu trabajo de fin de grado?
Cuando supe que había llegado el momento de finalizar mis estudios, le di muchas vueltas al tema que escoger, pero sabía que quería un tema que me llenara y que fuera importante para mí, de forma que se viese reflejado a través de mis fotografías un trocito personal. No solo quería fotografiar y que mis fotografías se viesen, quería que hablasen, que emocionasen, que contasen una historia. Escogí el pueblo de mis abuelos, que yo siento como mío, porque para mí es muy especial, importante, es una parte mía. No sabía cómo enfocarlo, pero poco a poco tuve claro que quería darle visibilidad a Zobra, a sus gentes, especialmente a las mujeres, porque me parece que han llevado el peso de las casas en silencio. Las ves viejecitas, pero son fuertes y poderosas.
¿Qué aspectos de la vida rural en Zobra querías capturar y destacar?
Como cada día amanece más gris que azul, como la niebla se despereza tarde, como al mediodía, los lugareños salen a llenar su jarra de agua, como llega el piteiro cada día para repartir el pan, como las vacas beben en la fuente cada atardecer, como cada día se dice: Bos días y cada noche: Boas noites. Su día a día, sencillo y al mismo tiempo duro por el frío y la soledad.

«nunca choveu que non escampara». Foto: Yaiza Crespo Checa.
¿Por qué decidiste hacer un photobook como formato para esta obra?
La opción del photobook es lo que más claro tuve desde el principio, sabía que quería hacer algo que pudiese tener en físico y poder mirarlo con los años, quería algo tangible que no se perdiera en el tiempo.
¿Qué historias o experiencias de las mujeres de Zobra has plasmado en tus fotos?
Las mujeres, cuentan cómo lavaban en el lavadero y lo hacen agradecidas por tener lavadora y no tener que lavar en el río. -Hoy si se nos rompe la lavadora nos morimos.- Los hombres cuentan cómo antiguamente iban andando de una aldea a otra por el monte, para ver a la novia. Cuentan historias muertos de la risa, como en una tierra de meigas e historias de la Santa Compaña, hacían bromas colgando a una cabra de la campana de la iglesia, que está dentro del cementerio, para que cada uno en su cabeza imaginase. Ramiro cuenta como quitaban los carteles que indicaban: “Zobra” para que la gente no supiese llegar. Actualmente en un río precioso de La Trigueira, nosotros pedimos a los pocos turistas que acuden que no cuelguen fotos. Amparo como hacían los chorizos, El Primo como hace la sidra y José, como hacen la miel. Amparo cuenta que la gente de Zobra viven tantos años gracias al agua de la fuente de Zobra y la miel. La mayoría son casi centenarios.

«Que feitiña». Foto: Yaiza Crespo Checa.
¿Hay algún desafío particular que estas mujeres enfrentan y que hayas querido destacar en tu obra?
Sobre todo he querido plasmar la soledad que viven ellas, en inviernos duros en los que apenas pueden salir a la calle para relacionarse, el frío, la lluvia y la soledad invaden la aldea. Y a pesar de ello, sonríen a menudo e intentan ser felices. Son hospitalarias, agradecen que les hables y que muestres cariño hacia ellas.
Es importante destacar la soledad que enfrentan, ahora por la edad, pero que ha estado presente desde siempre, ya que muchas de ellas son madres solteras que han sacado adelante a sus hijos, algunas incluso logrando darles estudios universitarios con gran esfuerzo, intentando ofrecerles lo que ellas no tuvieron.
¿Hubo alguna mujer en particular que influyó en tu visión?
Principalmente tengo que destacar la involucración de Marité, una mujer que a pesar de ser joven se quedó en el pueblo para no dejar a su madre sola y formó su familia en La Portela, la casa familiar por generaciones. En cuanto conoció la idea, se involucró plenamente, me ayudó llevándome a distintos lugares, haciendo de modelo (a ella que le gusta poco posar) y sacando su baúl sagrado y secreto, lleno de fotografías antiguas de todo el pueblo y contándome la historia que había detrás de cada fotografía. Ver como su cara cambiaba, dibujando la emoción, cada vez que yo le enseñaba una fotografía y nostalgia de ver su pueblo retratado fue lo que me hizo ver claro que el proyecto estaba encarrilado y merecía la pena.

«e se chova que chova». Foto: Yaiza Crespo Checa.
¿Qué técnicas o estilo fotográfico has empleado para capturar la esencia de Zobra y sus habitantes?
La mayoría de las fotografías están tomadas con una cámara reflex y un objetivo fijo para retratos y me ayudé de un flash, ya que la luz durante los meses de invierno escaseaba. Hice algunas fotografías en analógico a modo de prueba y como recuerdo del trabajo, pero finalmente algunas de ellas me gustaron y decidí dejarlas.
¿Cuál fue el mayor desafío fotográfico al trabajar en un entorno rural y con personas que quizás no están acostumbradas a ser fotografiadas?
Para mí el mayor reto fue trabajar con tan poco tiempo, al no vivir en el pueblo tuve que realizar las fotos en unos cuantos viajes cortos y tenía que sacar muchas fotografías en esos días, fue un trabajo a contrarreloj. Estoy muy agradecida a las personas, pusieron de su parte y quisieron involucrarse, les emocionaba mucho que alguien quisiera plasmar su historia. Incluso alguna lugareña reacia a las fotografías, al contarles mi idea, no sé si por la idea o por mí, posaron.
¿Tienes alguna anécdota del proceso de creación que te gustaría compartir?
Montse, es una de las habitantes más jóvenes de la aldea. Ella me ayudó mucho y un día reunió en la taberna, a gente para que pudiese sacar más fotos. Fue un momento de risas entre chupitos de orujo y de hierbas. Algunas de las lugareñas, se retiraban el delantal o la batica, coquetas ante la cámara, en cambio gente más joven se ponía la batica de la abuela para ayudarme.
Mencionas que tus raíces paternas están en Zobra. ¿Cómo influyó esta conexión en tu forma de abordar el proyecto?
Las raíces que me unen al pueblo lo fueron todo, yo elegí esta idea ya que como decimos los gallegos: “siento mucha morriña hacia Zobra”, creo que la conexión que siento con la aldea hizo que plasmara las fotografías de cierta manera que sin sentir esto hubiese sido incapaz.

«malo será». Foto: Yaiza Crespo Checa.
¿De qué manera cambió o profundizó tu visión sobre la vida rural y el rol de las mujeres en ella?
El proyecto me ha unido de forma más sentimental con las personas, a raíz de las fotografías tuve la oportunidad de hablar mucho con la gente y de que me contaran historias. Intentaban contarlas con humor, pero es gente que le ha tocado trabajar duro y pasar penurias, algunas tienen cerca de cien años, les ha tocado vivir una guerra. He podido conocerlos mejor y ya estoy deseando volverlos a ver. Mirándolas a ellas, sé que tengo que estar agradecida y que tengo que trabajar y dar lo mejor de mí.
¿Te gustaría ampliar esta serie de fotografías a otras aldeas o temas? ¿De qué manera te gustaría que este photobook impacte a quienes lo vean?
Este proyecto nació con la idea de ser abierto. En verano volví a Zobra y seguí tomando fotografías, era un espacio diferente, hacía sol, que se refleja en las fotografías, más gente por ser verano, muestra otra faceta del pueblo. Me gustaría que hoy que se habla tanto de empoderamiento, veamos que estas mujeres estaban empoderadas hace muchos años, aunque quizás ni ellas lo sabían. Me gustaría que sus fotos se publicasen en los periódicos gallegos, para que ellas pudiesen presumir de ello en la fuente de Zobra o al venir Mary con los comestibles los martes. Y pudiesen pegarlas en el teleclub.

«ay amiguiña». Foto: Yaiza Crespo Checa.
¿Cómo esperas que este proyecto contribuya a la visibilización de las mujeres rurales en España?
Es mejor no esperar nada, para no decepcionarse. Ahora mismo estoy emocionada y agradecida de que tú me hagas esta entrevista.
¿Qué aprendiste de esta experiencia, tanto a nivel profesional como personal?
Estoy muy agradecida de haber tomado la decisión de trabajar en esta obra, empecé haciendo las fotografías sin creer demasiado en mí y dudando de si iba a ser capaz de capturar lo que yo tenía en mente y mi corazón, pero gracias a mi familia que me empujaron y me hicieron creer en que sería capaz, seguí hacia delante y al final quedó mejor incluso de lo que yo me imaginaba. Este proyecto ha reforzado mi confianza, motivación, energía, pasión, deseo de superación y perseverancia. Estas mujeres proyectan: humildad, empatía, amabilidad, generosidad, hospitalidad y fuerza, mucha fuerza. Te hacen superarte y sentirte agradecida.
Cuando empecé con la fotografía me apasionaba el mundo de la moda, y me sigue apasionando; pero creo que quiero mostrar las desigualdades, las injusticias, a través de mis fotografías. Quiero aportar mi granito de arena en este mundo.
¿Qué significa para ti, como fotógrafa y como persona, poder visibilizar las historias de Zobra y sus mujeres?
Para mí es un orgullo hacer esta entrevista. Si me lo dices hace unos meses cuando lo presenté en clase, no me lo creería, es muy importante ya que además de ser el proyecto en el que he trabajado tantos meses se trata de mi pueblo, mi gente. Ellos me acogen cuando acudo cada verano, me reciben con sonrisas y abrazos, con historias mil veces contadas, con lechugas, huevos y botes de miel y a mí me gustaría responderles con sus fotos en un periódico.