El presidente de JxCat, Carles Puigdemont, durante una comparecencia ante los medios sin admitir preguntas en Perpiñán. EFE/David Borrat
23 noviembre, 2025
El informe del abogado de la Unión Europea que avala la ley de amnistía -y alimenta las expectativas de un posible retorno del expresidente catalán Carles Puigdemont- y el auge de Aliança Catalana en las encuestas son dos de los factores que condicionan los escenarios de futuro de JxCat.
La posibilidad de que la Justicia europea acabe avalando la amnistía para Puigdemont y el expresident pueda volver a Cataluña en unos meses mantiene en vilo al partido, ya que sus planes de futuro serán muy distintos en función de si regresa o no su líder.
De momento, el informe del abogado de la UE ya ha precipitado un movimiento de piezas ideado por Puigdemont desde hace un año: Mònica Sales ha asumido el mando del grupo en el Parlamento catalán en sustitución de Albert Batet, ahora adjunto a la presidencia del partido.
Considerado próximo a Puigdemont, Batet se convierte orgánicamente en su mano derecha, con una posición de relieve en la cúpula de Junts, hasta ahora liderada por el expresident y el secretario general, Jordi Turull, que continuará encargándose del «día a día» de la formación con el foco puesto en las elecciones municipales de 2027, según fuentes del partido consultadas por EFE.
Aun así, las citadas fuentes señalan que Turull pierde peso con el nuevo reparto de papeles, ya que entre las nuevas atribuciones de Batet figura la dirección de las campañas electorales al Parlamento de Cataluña y al Congreso de los Diputados y la interlocución con el tejido empresarial.
Aunque Turull controla orgánicamente el partido -la práctica totalidad de las agrupaciones territoriales le son afines, a excepción de la comarca barcelonesa del Maresme-, algunos alcaldes ya han expresado, en privado, su descontento con el rumbo de la formación.
Uno de los motivos de preocupación generalizada en las filas de JxCat es el ascenso de Aliança Catalana, con su discurso islamófobo, aunque la consigna es restarle importancia públicamente.
A la formación de extrema derecha independentista que lidera Sílvia Orriols algunas encuestas ya la sitúan pisándole los talones a JxCat, multiplicando exponencialmente sus actuales dos escaños, un auge que podría verse confirmado en el barómetro que el Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat publicará este lunes.
El ascenso de Mònica Sales a la presidencia del grupo parlamentario ha venido acompañado del nombramiento de Salvador Vergés como nuevo portavoz en la cámara catalana, un movimiento celebrado por el sector pragmático del partido y parte del mundo local.
«Vergés se ha convertido en la esperanza blanca de los que se sentían ungidos por el exconseller Jaume Giró. Era la alternativa de los pragmáticos. Este movimiento les pacifica y quizás desactiva al sector crítico de los alcaldes», expresa un dirigente de JxCat consultado por EFE.
En las últimas semanas, exdirigentes de la antigua Convergència han explorado la manera de propiciar un cambio de rumbo en Junts y otras fórmulas para recuperar el espacio de centro moderado que representaba CiU, según fuentes conocedoras de los movimientos.
El nuevo cargo de Vergés ha bajado el «suflé» de estos movimientos, apuntan las mencionadas fuentes, que agregan que en el mundo local de JxCat ven potencial al nuevo portavoz como eventual candidato a la presidencia de la Generalitat.
La Joventut Nacionalista de Catalunya (JNC), celebró la semana pasada su 45 aniversario con un acto que juntó a dirigentes y exdirigentes de una organización que, antes de vincularse a JxCat, fue la rama juvenil del PDeCAT y de Convergència.
Este aniversario sirvió para lanzar la ‘JNC Alumni’, una asociación de antiguos militantes que puede servir como plataforma para recuperar activos que se han ido alejando progresivamente del espacio político: «La JNC es el guardián de las esencias de la antigua CDC», considera una fuente que ocupó cargos de responsabilidad en la organización.
En los últimos meses se ha constituido un grupo de debate generacional impulsado por independentistas con edades comprendidas entre los 30 y 40 años, todos ellos con pasado en la JNC, para definir «cómo tiene que ser Cataluña» en el futuro, y también para «recuperar» a aquellos que «se han quedado por el camino».
Este grupo celebró un primer encuentro en febrero en el monasterio de Montserrat, lugar simbólico donde se fundó Convergència.