Reunión de los integrantes del Consorcio el pasado día 8 (Foto, Consorcio)
13 mayo, 2024
Nacido a la sombra y amparo del Real Patronato de Santiago, que con el apoyo del Rey Juan Carlos I logró en su día la colaboración de Gobierno Central, autonómico y concello de Santiago para preservar su monumentalidad y significación internacional, el Consorcio de Santiago se ha convertido en el principal instrumento para la recuperación de buena parte del casco histórico, además de otras realizaciones urbanísticas, culturales y musicales, que mantuvieron alto el bastión de la municipalidad, llamado, sin esa ayuda, a la decrepitud. Por eso nunca se elogiará suficientemente los esfuerzos de aquellos pioneros que supieron transformar una institución del franquismo en un nuevo y democratizado instrumento en favor de la capital de Galicia. Ahora, el pasado día 8, los integrantes del Consorcio, con las tres representaciones citadas, se reunieron para aprobar el ejercicio del presente año, por cierto que cada vez más raquítico en sus ambiciones dinerarias. Una reunión de trámite que dio el visto bueno a las obras proyectadas en el Palacio de Congresos y en la iglesia de San Domingos de Bonaval, además de aprobar el calendario de la Filharmonía de Galicia y otras obras menores. Pero en la fructífera actuación del Consorcio hay, también, una amplia labor bibliográfica con obras imprescindibles para el conocimiento histórico y social de la ciudad. Y uno se pregunta, ¿por qué tratándose de un organismo público, subvencionado con dinero de todos no se pone en abierto esa amplia producción bibliográfica otorgándole carácter no venal, siquiera sea vía on-line? ¿En qué se diferencia el disfrute ciudadano de la rehabilitada catedral de la posibilidad de disfrutar de esa historia que nos es común?
LAS UNIVERSIDADES ESPAÑOLAS… van a la guerra pro-Palestina. Las universidades españolas, a través de la CRUE, el organismo que las representa, acaban de anunciar su propósito de suspender relaciones con las israelíes que no estén “comprometidas con la paz”. Lo que no dicen es cuáles sean los criterios que demostrarán esa ausencia de compromiso con la paz, que dicho así, en genérico, no deja de ser un brindas al sol. Tanto, como, de inmediato, añadir que “velarán porque no se produzcan conductas, igualmente reprobables de antisemitismo” –¡pues van a tener trabajo!- “o de islamofobia” -aquí no tendrán tarea-. El comunicado, fruto acaso más de unas barbas a remojo que de un sentimiento comprometido, no pasa de ser un voluntarista predicar en el desierto, como hacían aquellas corporaciones a inicios de la democracia que, muy solemnes ellas, declaraban persona non grata, hasta por mayoría absoluta a dirigentes rusos o del gran hermano USA. En cuando a lo de ruptura de relaciones con las universidades israelíes y tratándose de profundizar en el conocimiento, asombra que quienes se dedican a esa noble tarea cierren la puerta a un país de unos pocos más habitantes que Andalucía y que cuenta con 13 premios Nobel desde la creación de su estado en 1966 (Química, 6; Economía, 3; Paz, 3, y Literatura, 1), mientras Palestina solo cuenta con el de la Paz a Yasir Arafat y aunque todas las comparaciones sean odiosas. ¿Están las universidades españolas para renunciar a intercambios con tan destacados centros universitarios a causa de una apreciación subjetiva que no oculta su tufo demagógico o miedo a las revueltas estudiantiles?