Dos centenares de personas de 70 universidades se reunieron en Compostela (Foto, USC)
12 mayo, 2024
Teniendo como anfitriones a los rectores de las tres universidades gallegas, días pasados se reunieron en la Ciudad de la Cultura los miembros de la CRUE (Conferencia de Rectores de Universidades Españolas) en las XXI Jornadas sobre Internacionalización y Cooperación. Un debate recurrente hasta el punto de que uno duda que no sea más que una mera justificación para hacer un alto en la tarea profesional y realizar un poco de turismo. Se asegura así, porque la bibliografía española, y socorridamente la universitaria, está llena de doctrina y de índices IFO analizando ventajas e inconvenientes, fortalezas y debilidades de la internacionalización, eso sí con datos lamentables respeto de otros países. Si eso no llegara, los informes anuales de CYD –lo más serio que se publica sobre el mundo universitario- recuerda en cada informe tanto la necesidad de abordar el tema como los hándicaps que las propias universidades se autoimponen. Porque dice el CYD que “existe un amplio margen de mejora” en indicadores clave, “como la presencia de alumnos y profesores extranjeros, así como el número de programas académicos impartidos en idiomas extranjeros. Probablemente, la expansión de programas de estudio en inglés y una mayor capacitación del personal (docente, investigador y de administración y servicios) no solo ampliaría la oferta educativa, sino que también atraería un público internacional más diverso”. Pues bien, una alumna extranjera –omitimos nombre, procedencia y estudios, por razones obvias- está a punto de tirar la toalla porque en la Universidad compostelana no se la enseña no ya en inglés, sino en el castellano que también domina. Algún profesor se muestra intransigente ante todo lo que no sea explicar las clases y examinar a los alumnos en gallego. ¿De qué internacionalización hablamos? ¿Somos serios?
LOS TRABAJADORES Y PROFESIONALES LIBERALES DE SANXENXO…a los suburbios.
Primero fue Venecia con cerca de la mitad de sus habitantes desplazados de sus casas de toda la vida… para dejar lugar a los turistas. Luego, muchas otras localidades en las que la muerte por éxito del turismo no dejará ni sombra de lo que se entiende por convivencia social y ciudadana; lo que es en esencia una ciudad. Baleares, y más concretamente Ibiza, siguió el ejemplo en el que los profesionales de los servicios, además de otras actividades liberales se ven obligados a desplazarse fuera de las urbes o vivir en caravanas porque los precios del alquiler, allí donde existen por anualidades, adquieren precios inasumibles para un maestro, un bancario, una enfermera, un abogado, una empleada de hotel… En Sanxenxo, y como recordaba un periódico gallego, una inmobiliaria sólo logró alquilar dos pisos por anualidades en toda la pasada campaña de invierno. Eso sí, sobran trabajadores del comercio, la hostelería, la abogacía, etc, que llevan meses peleando por encontrar un piso… que, como la mancha de aceite, cada vez se va extendiendo más por los pueblos periféricos de Sanxenxo. ¿Es el turismo depredador que queremos? ¿Y qué pasa con el país y quienes le habitamos?